
"Cada domingo por la noche, dos millones de telespectadores sopesan la posibilidad de que las cosas no sean como nos las han contado, a la luz de las sospechas que Íker Jiménez (Vitoria, 1973) siembra en Cuarto milenio, el espacio líder de Cuatro. Antes de esta temporada, otro medio millón de radioyentes trasnochadores, adictos a su voz, llevaban cuatro años haciéndose cargo del reverso insondable que, vaya usted a saber, lo mismo esconde la realidad (Milenio 3, Cadena SER). ¿Será el misterio la nueva religión a la que acogerse? ¿Será Íker su profeta?. Bienvenidos a la paranormalidad en mangas de camisa, sin túnicas ni turbantes.
La radio es sonido; la tele, imagen. ¿Su voz ha perdido misterio con el cambio de medio?
Seguramente sí, pero ha ganado imagen, que es información. Ante todo yo soy un comunicador, quiero utilizar todos los medios para cumplir mi misión: contar historias.
¿Le sorprende el interés por el misterio, o ya sabía que aquí había una mina de oro?
Tanto como una mina de oro no, pero tenía claro que el misterio interesa por una razón muy sencilla: creemos tenerlo todo muy controlado, pero la misma pregunta que se hacía el hombre de las cavernas sigue ahí. ¿A dónde vamos, qué es la realidad, por qué morimos, qué pasa después?. El misterio está inscrito en nuestro código genético más profundo, y eso a la gente le mueve.
Usted tuvo una experiencia iniciática a los 10 años. ¿La recuerda?
Como si fuera ahora mismo. En el fondo, lo que me salva es eso, que tengo presente a diario esa escena. Si yo no reviviera aquella imagen cuando me pongo ante un micro, mi trabajo no valdría nada. Tengo la misma curiosidad que aquel crío.
¿Qué pasó aquel día?
Invierno de 1983, yo tenía diez años. Mis padres, galeristas de arte, viajaban mucho, y a veces me dejaban con familiares. Una noche, estando solo en casa de mi tío y con fiebre, le cogí las llaves del desván y entré en la biblioteca. Agarré un libro al azar, que iba sobre avistamientos de ovnis en Francia, y lo abrí por la historia de un niño de diez años, como yo, Jean Claude S., que decía haber visto un ovni. Me impactó tanto que me fui a la cama aterrorizado. Pasé muy mala noche. A la mañana siguiente, en el periódico salía esta noticia: Ovni sobre Vitoria. Resulta que fue visto a 200 metros de donde yo había dormido. Interpreté aquello como una señal. Me gasté los ahorros en una grabadora, cogí la bici y me fui a buscar testigos del ovni. Aquel día me dije que yo me dedicaría a esto.
Qué precocidad. Imagino que habrá tenido incontables invitaciones para no seguir por este camino.
Incontables. En el colegio se reían de mí, decían que iba todo el día con chorradas. Me sorprende el interés de la gente por que no se hable de estos asuntos. Yo, en cambio, he vivido este trabajo como un sacerdocio desde crío, como una especie de fe. Pero en nada concreto, sino en la necesidad de contar todo esto. Siento que he nacido para contar estas historias, para desvelar el misterio.
En su caso, el misterio empapa su vida. Hasta su mujer, Carmen Porter, es la productora y copresentadora del programa. ¿El flechazo fue previo a la afición?
Ya le gustaban estos temas cuando nos conocimos en la facultad. Menos mal, si no sería imposible llevar esta vida. Si viera nuestra casa lo entendería, es una pura biblioteca, tenemos 20.000 libros. A ella le interesa esto como a mí, y va a librerías de viejo como yo a investigar y buscar legajos. Es una pasión, o lo vives como tal, o no lo soportas. No tenemos horarios ni vacaciones. Vamos de viaje y nos dedicamos a investigar. Tienes que ser un poco obsesivo para estar en esto. De hecho, lo más bonito de mi trabajo es cuando te metes en una historia y te obsesionas.
¿Haber sido hijo y nieto de anticuarios y galeristas le ha influido?
Totalmente. Tengo fotos de crío rodeado de tallas románicas del siglo XII a las que hablaba y preguntaba cosas. La casa de mis abuelos era un museo fascinante. Recuerdo un Cristo sentado que tenían, manco de un brazo y con el otro levantado, que llevaba en el pecho pintado el demonio. Me impactó mucho verlo. He convivido siempre con fantasmas, ángeles, demonios, cristos y santos.
Pero usted presume de no creer.
Tampoco es eso. Procuro ser escéptico, en el buen sentido de la palabra. Mi lema es dudar de todo, exponer hechos y que cada uno decida. Me mueve la buena fe de contar cosas que pueden interesar. El problema de los programas de este tipo que se han hecho antes es que todo pendulaba sobre la visión del comunicador. Jiménez del Oso, de quien tanto aprendí siendo subdirector de su revista, era más crédulo que yo. El mismo J. J. Benítez cree mil veces más. Yo estoy lleno de dudas, y cuanto más indago, menos sé. Yo no sé si hay extraterrestres, ni espíritus, ni nada de eso. Solo sé que hay misterio. No me mojo. El día que encuentre un extraterrestre o un espíritu, si es que existen, cambiará mi forma de ver las cosas.
¿Entonces el objetivo es simplemente contarlo?
Contarlo... y condicionar en cierta forma a la gente. He descubierto que hablar de estas cosas provoca más casos. En el programa, cuando hablamos de experiencias cercanas a la muerte, recibimos miles de mensajes de personas en situaciones similares. Al hablar de esto, condicionamos la realidad para que ocurra con más frecuencia. Quizá yo soy un instrumento de esa cosa, del misterio.
El misterio también causa rechazo. ¿Cómo se convive bajo la sospecha de la rareza?
La palabra es esa, sospecha. A veces me he sentido sospechoso sin saber de qué. Mucha gente que desprecia estos temas en el fondo tiene miedo, porque a ellos también les ha pasado. Luego está el positivismo absurdo de los que creen que todo lo que no esté medido no existe. También están los que quieren que no nos hagamos preguntas y solo nos interese el fútbol, la Pantoja y el Estatut. He comprobado en mis carnes que si te sales de ahí, molestas.
¿A todo esto, usted en qué cree?
En el gran misterio de la realidad. Creo que somos seres que viajan en una pelota azul en medio de la nada, que nadie sabe qué es, ni qué hacemos aquí, ni para qué nacemos, ni a dónde vamos tras morir. Por eso soy humilde ante el misterio. No he tenido una educación religiosa ortodoxa, ni voy a misa, pero con el tiempo ha crecido en mí una gran simpatía por la figura de Jesús. No creo que este cosmos infinito, perfectamente ordenado, sea porque sí.
Cuando salga de hablar con usted me atropella un coche y fallezco. ¿Se atreve a hacer un pronóstico de qué va a pasar conmigo?
Depende de cómo sea su muerte. Si tiene un accidente y no fallece, tendrá una experiencia cercana a la muerte y notará que la conciencia se separa del cuerpo y viaja por un túnel donde encontrará unos seres que le dirán que vuelva, que no es su momento. Al regresar, su vida cambiará radicalmente, perderá el miedo a morir y será consciente de que la vida sólo es una etapa más. Estoy convencido de que tras la muerte hay algo más, la aventura continúa.
¿Y de que no estamos solos?
Totalmente. Otra cosa es que hayan venido a vernos. No estoy seguro de que existan los ovnis, pero no me cabe duda de que hay algo más. ¿Están aquí y son duendes que nos acompañan desde el principio del tiempo?. Quizá. Lo que pienso es que todo es lo mismo. Difuntos, apariciones, duendes, extraterrestres...Cada uno lo ve de modo diferente, pero no me cabe duda de que convivimos con realidades distintas a la nuestra.
¿La ciencia terminará explicándolo todo?
La ciencia es sólo una manera de aproximarte a la realidad, pero no es la realidad. No todo se puede observar en un laboratorio. El amor no se puede medir en un laboratorio. Ni la intuición. Se ha sustituido a la religión por la ciencia como explicación del mundo. Me parece absurdo, porque hay cosas que la ciencia no es capaz de explicar.
¿Usted ha vivido alguna experiencia sobrenatural?
Muchas cosas raras, pero nada que me saque de mis eternas dudas.
¿Atisba la posibilidad de ver su curiosidad saciada?
Nunca. Me veo de anciano rodeado de libros y siempre con preguntas.
¿Hay un Íker más allá del misterio?. ¿O más acá?
Sí, en el fútbol, mi otra gran pasión. Lo practico mucho. Soy un delantero tronco, de la escuela vasca, y juego a Fútbol 7 todas las semanas. Me pusieron la hora de grabación del programa coincidiendo con el partidillo de los lunes y lo hice cambiar. Les dije que toda la pasta de la tele no me importaba si no podía jugar a fútbol. Es sagrado. Y ahí no hay misterio. Bueno sí, si eres seguidor de un club paranormal como yo, que soy del Atlético de Madrid." | El Periódico de Cataluña.




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