"Tip y Coll solían finalizar sus aldabonazos con un "y la próxima semana, hablaremos del Gobierno" que dejaba al respetable con ganas de más. Lo cierto es que la sátira política en televisión ha sido estos años un terreno de barbecho que pocos se han animado a cultivar. Advertido del filón, un cómico de gesto huraño, actitud gamberra y discurso con retranca, llegado al medio al calor del boom de los monólogos, descubrió un día que dar leña a los próceres es una sana gimnasia para la nación, aparte de una honrosa manera de ganarse la vida. Prueba de su olfato son los picos de audiencia que alcanzó esta temporada cada vez que asomó su barbilla por Noche Hache (Cuatro). Por si el viento soplara de otro lado, Héctor de Miguel (así se llama el salmantino del 77 que viste la jeta de Quequé) ha abierto un restaurante en su ciudad. La sorna puede pasar de moda; yantar no.

¿Cómo es la infancia del monologuista?
Con muchos traumas, como se comprueba luego en los monólogos. Nunca llegué a ser el gracioso de la clase, por la timidez y esas cosas, pero siempre me gustó hacer reír a los demás. De niño decía que quería ser payaso. No iba desencaminado.

¿Recuerda el momento en que dijo: "esto es lo mío"?
Me lo empecé a creer cuando me admitieron en El Club de la Comedia. Antes no. Antes, ¿de qué?. Me pasé el instituto haciendo como que estudiaba, mientras trabajaba por las noches poniendo copas, de disc-jockey, de lo que hubiera. Me daba todo igual. Yo sólo quería trabajar por la noche y me creía que los bares eran lo más. Ya sabe, la típica edad tonta, que me duró bastante.

¿Es cierto que llegó a ganar un concurso local de cantautores?
Sí, y con coleta. Era un cantautor tipo, aunque más cercano a La Mandrágora o al Sabina más gamberro que a otra cosa. Actué en un par de bares, hasta que vi que la gente se reía más cuando hablaba entre canción y canción que cuando cantaba. Por otro lado, las letras muy de amor no eran. Eran más de follar, por decirlo rápido. Así que me dije: "A ver si lo mío va a ser el humor..."

También ha trabajado de albañil, de limpiador, de profesor...
Lo de albañil fue lo típico que un año te quedan 12 asignaturas y te dice tu padre: "Ven, que vas a pasar un verano bonito". Tendría 17 años. Duré con la paleta un mes, afortunadamente me lesioné. No diría que se me quitó la tontería, porque me duró unos años más, pero ayudó. También trabajé en un McDonald's en Salou. Un primo mío estaba allí currando y me dijo: "Vente, que en Salou siempre falta gente". Y me fui a comprobarlo. Yo era un desastre. No valía ni para trabajar, ni para estudiar, ni tenía claro qué pintaba aquí. Hasta que los del Club de la Comedia me rescataron del caos.

¿El suyo es un trabajo serio?
Hay que tomárselo muy en serio. Transmites la sensación de que dices lo primero que te pasa por la cabeza y la gente se deshueva. Ojalá fuera así. Esto hay que currárselo, y darle vueltas a los textos, y ver lo que funciona. Es un puto trabajo. Muy agradecido cuando sale bien, pero cuando sale mal, amigo, te vas a la cama con tu cosa por dentro de: "Joder, qué mal me ha salido".

¿Cómo nace un monólogo?
En mi caso, que no he estudiado para esto, es bastante caótico. Es cosa de empezar a apuntar ideas e ir dándoles forma. Hay libros de cómo escribir monólogos, pero yo soy de la escuela caótica. Escribo a deshoras, sobre todo de noche. El poco tiempo que estuve en el programa de Fuentes de guionista de oficina, me pareció muy duro. A mí eso de ser gracioso de diez de la mañana a seis de la tarde no me va. ¡Si yo es a partir de las seis cuando me pongo a tono!.

¿Es ese su horario?
Si hay algo bueno en este trabajo, es que no hay que madrugar. A mí antes de las 12 es difícil pillarme, soy ave nocturna. Quizá me viene de los años que pasé trabajando en La Noche, en los que varié el horario y ya no tengo arreglo. A veces oigo empezar a Jiménez Losantos, y luego me acuesto tranquilo sabiendo que el país se queda en buenas manos. Le doy el relevo y le digo: "Federico, sigue tú, que yo ya me retiro. Él y yo hacemos el relevo del humor de este país cada día."

¿Ha llegado a conocerle?
No, y no me importaría. Creo que es un señor bastante inteligente, a pesar de lo que dice. Sabe a lo que juega, y quién le paga. Le admiro por su currículo. Si le viera, le daría la mano y le diría: "Muy bueno lo tuyo, pero yo me dedico a hacer otro tipo de humor". No tengo nada contra él, ni contra la Cope. Para mí es muy bueno que exista la Cope, así sé lo que no quiero ser de mayor.

¿Cuál es el origen de su nombre?
Mi hermana, cuando empezaba a hablar, llamaba a los muñecos quecos. A mi padre le decía queco, a mi madre queca y a mí queque. Luego, cuando empecé a hacer el chorra, pensé en un mote, porque Héctor es muy bonito, pero no me gustaba para esto. Y me puse Quequé.

¿Cómo le explicaría su humor a alguien que no le conoce?
Tengo debilidad por el humor político, pero no me ciño a esto. Me interesa la ironía. Me gustan Krahe, Eugenio, humoristas que no se ríen. No aguanto a los que se ríen con sus chistes. Me dan ganas de decirles: "¿Para qué te ríes, si ya sabes el chiste?". No sé por qué me gusta tanto este tipo de humor. Creo que me viene de mi padre, que es profesor de universidad, y es un señor muy irónico, con mucha retranca.

¿El humor es regional?
Cada vez menos. Antes creía que había un humor catalán, y hacía excursiones a Barcelona a ver a Rubianes y a Pavlovsky. Pero ahora, cuando he hecho giras con El Club de la Comedia por toda España, me he dado cuenta de que la gente se ríe por igual en todas partes.

Suele utilizar la ironía para ponerse del lado del facha.
Me encanta. Esto ya lo hacía Wyoming. Es curioso, pero la gente de izquierdas hace muy bien de facha. Juan Diego, Wyoming, Echanove,...Yo hago más bien caricaturas. Empecé a hacerlo en el programa de Fuentes, donde tenía un papel que se llamaba El Defensor de la Oposición. Decíamos cosas disparatadísimas. Lo sorprendente es que aquellos disparates han sido superados por la realidad. Nos parecía una burrada decir eso de que España se rompe. Luego, mire.

En Salamanca tiene un restaurante. ¿De dónde viene esa vocación?
En realidad yo soy un hostelero metido a la tele. Lo de la tele no es un mundo seguro. Lo mismo un día te dicen que ya no haces gracia, y entonces a ver. Hay quien se abre un plan de pensiones. Yo puse un restaurante. Y en estas estamos mi socio y yo, a ver si implantamos los arroces en Salamanca.

Lo mismo lo logra, ahora que ya no están los papeles del Archivo.
Y no vea lo que se nota. Pero una barbaridad. Ha bajado el turismo, la ciudad anda deprimida, nos van a quitar lo de Patrimonio de la Humanidad porque claro, a Salamanca le quitas el Archivo y se queda en nada. Van a poner un vuelo Salamanca-Barcelona para que la gente vaya a ver el Archivo, porque lo echan mucho de menos. Ya en serio: lo más preocupante de este tema es la facilidad con la que se ha manipulado a la gente. "¡Que vienen los catalanes a quitarnos el Archivo!". Y, de repente, hordas en la calle que no se recordaban. Y tocando sentimientos que parecía olvidados. Porque si los papeles hubiesen sido asturianos, aquí no pasaba nada.

El otro día, cruzando Cuenca, vi una pintada que decía: "Castilla no es España". ¿Qué le parece?
¡Qué bueno!. Al final es lo que están logrando. Aquí en Salamanca también hay un movimiento muy gracioso que quiere recoger el voto nacionalista de Castilla, que no sé qué será, y ponen pintadas como: "Salamanca independiente y con salida al mar".

Su humor no gusta a todo el mundo. ¿Es consciente de que hay a quien cae rematadamente mal?
Cuando empecé en la tele tuve claro que yo no quería gustarle a todo el mundo. Ni siquiera tengo una necesidad imperiosa de salir en la tele. De hecho, el día que deje de salir no lo voy a echar de menos. Si le caigo mal a cierta gente es que lo estoy haciendo correctamente, me preocuparía si les cayera bien.

Pero su trabajo vive de agradar.
Sí, pero mientras tenga la suerte de estar en programas como los que me dan trabajo, que son absolutamente sesgados, no tengo problema. Si el trabajo que me encargan es actoral, yo me limito a decir lo que pone el guión. Pero si usted contrata al Quequé irónico, sarcástico, e ideológicamente posicionado, tengo que hacer lo que sé y decir lo que pienso. Y al que le guste bien, y al que no, está el mando a distancia, que es la democracia más absoluta que existe. En este país tenemos demasiada tendencia a cabrearnos con lo que no nos gusta. Mucha gente funciona por la cosa morbosa de decir: "voy a ver a este, que no lo aguanto, pero me voy a quedar a verlo."

¿Cómo es la fama que soporta?
Soportable. Asumes que puedes estar un sábado actuando en un garito en Cáceres y que a las tres de la mañana te llegue uno borracho y te diga: "Eres un rojo". Ante lo cual, tú dices: "Pues sí, y tú un facha, pero no te lo voy diciendo". O que te digan: "Es que estás a las órdenes de Polanco". Pues claro, es mi jefe, es el que me paga, y encima no me dice lo que tengo que decir, ¿qué más quiero?. Entiendo que estas cosas pasen. Pero no el cabreo. Si no te gusta mi programa, pues no lo veas." | El Periódico de Cataluña.