
"Morir de éxito no es ninguna frase hecha. Propulsado por el impacto de su papel en la teleserie familiar del momento, Fran Perea (Málaga, 1978) se atrevió hace un par de años con su otra vena artística, la canción, con el resultado de monumentales ventas de discos y conciertos a reventar. Parecía que todo lo que tocaba se convertía en muchedumbre. Prevenido del riesgo de arder en esa combustión rápida, el actor jubiló la temporada pasada al adolescente Marcos de Los Serrano y este verano ha debutado en el cine (Los mánagers). En otoño regresará a las pantallas en El camino de los ingleses, de Antonio Banderas. Mientras, sigue con sus actuaciones, pero con menos publicidad. Es la hora de demostrar que bajo el cartón piedra había madera.
Para mucha gente sigue siendo el de Los Serrano.
Me preocupa relativamente. También en su día fui el de Al salir de clase. Es algo que no depende de mí, no lo puedo controlar. Tampoco me incomoda. Y si me incomoda, me obligo a que no me incomode.
¿Acabó cansado de Marcos?
Aquel personaje aportó mucho a mi vida, pero llegó un momento en que tuve que elegir entre quedarme y vivir de las rentas, con el dinero estable que da la tele, o evolucionar y hacerle frente a la vida. Sabía que si me quedaba, no evolucionaría. Tres años después de estrenar la serie, Marcos seguía con 17 años, y yo iba ya por los 28. Había que dejar el instituto. Decidí salir a la vida.
Trabaja en una de las profesiones más inseguras que hay.
Lo sé. Pero siempre he tenido clara una idea: si no vienen las cosas, hay que inventarlas. No hay que esperar a que llegue el guión de cine perfecto o la obra de teatro ideal, porque se te puede pasar el tiempo esperando. A mí también me gusta generar y meterme en follones. El mundo de la producción, por ejemplo, me atrae mucho. Ahora, sin ir más lejos, estoy produciendo mi propia gira de conciertos. Antes de la tele ya producía teatro. Siempre fui un culillo inquieto.
Pensaba que ya tenía olvidado al Fran anterior a Los Serrano.
Para nada. Mantengo contacto con la gente con la que hacía teatro, porque son mi gente, mi núcleo. Son actores de Málaga, son los músicos de mi banda, son mi sustento. Me han ayudado a no perder el norte estos años y a estar tranquilo. Cuando estoy con ellos soy uno más.
¿Cambiado por el boom de la tele?
Poco. He pasado por un proceso cuando menos curioso. He trabajado bajo mucha presión durante mucho tiempo, pero he estado muy pendiente de cuidarme, de no perder el núcleo de mi gente. Algunos días me obligaba a hacer las cosas normales de una persona normal, porque el éxito está diseñado para que pierdas el norte, está lleno de trampas. Mi salvación era agarrarme a mi día a día, que consistía en estudiar, componer, prepararme las canciones, poner lavadoras, ir a comprar al supermercado...
El problema viene cuando la cajera del supermercado le conoce a usted, y usted a ella no.
El problema es ese, que tú sigues siendo el mismo, pero en el ojo del espectador no. Y, de un día para otro, descubres que ya no puedes ir tranquilo por la calle, porque todo el mundo te conoce. Por lo demás, las lavadoras las pongo igual que hace tres años. La gente tiene la imagen del que ven en la serie. Ellos realmente no te conocen.
¿Por qué le ha tocado a usted y a otros no?
No sé, el azar o la vida me puso a mí. Todos los compañeros del grupo de teatro que nos vinimos de Málaga estamos igual de preparados y creemos en nuestro trabajo por igual. Pero me tocó a mí. Es estar ahí en el momento adecuado.
¿Cómo fue aquel viaje de Málaga a Madrid?
Traíamos mucha ilusión. Nos vinimos en una buena caterva. El plan era buscarnos la vida como fuera. Te informas, te dicen que tienes que hacerte un currículo y tirarte a buscar un representante, y eso es lo que hice, buscar. Al principio trabajé en publicidad y como figurante en el Teatro Real, y rodé muchos cortos. Y al año, mientras montaba una obra con mi grupo de teatro, me salió el papel de Al salir de clase. Y ahí empezó el mogollón.
El éxito llegó rápido.
Sí, pero si no hubiese llegado, estoy seguro de que hoy seguiría buscando. No me habría vuelto a Málaga, soy muy cabezón. Quizá estaría en algún grupo de teatro, o me habría buscado un repertorio con un amigo y estaría cantando con la guitarrilla por ahí.
¿Tocar tanto éxito en tan poco tiempo es peligroso?
Sí, si piensas que ese éxito depende de ti y te crees, aunque sea por un momento, que eres alguien especial. Tengo muy claro que no fui yo quien produjo ese bombazo. Formé parte de eso, pero detrás hay una maquinaria del carajo, que es capaz de coger a un chaval con determinadas cualidades y lanzarlo de esa manera. Me tocó a mí como le podía haber tocado a otro. Con mucha promoción, se consigue. Uno de los riesgos de esta forma de éxito es que puedes terminar cansando a la gente. Si te gusta la paella y te la dan del desayuno a la cena, te hartas. Por eso me fui de la serie y he dicho que no a muchas cosas tentadoras. Hay que saber dosificar.
¿Le desagrada que le apliquen el término comercial?
No me preocupa, porque sé lo que es, lo he vivido en mis carnes. Conozco la maquinaria que mueve esto. A todo el mundo le gusta ser comercial. Si abres un bar, quieres que venga la gente, no sólo tu amigo el guay. El componente comercial no me preocupa, siempre que no se imponga a otras cosas, como el factor artístico y humano. Yo dije que no a un montón de cosas, cuando vi que lo comercial se imponía a todo.
¿Los discos de La Polla Records y Extremoduro que escuchaba hace años dónde están?
Por ahí. De Extremoduro lo tengo todo, y muy presente. Lo de La Polla está más guardadillo, es una época más alejada, una etapa punky que tuve. Pero a Extremoduro es bueno tenerlo cerca.
Si el Fran que escuchaba La Polla hubiera oído la música que usted hace, ¿qué habría dicho?
Que a ese tío había que zurrarle. Era otra época, tenía más prejuicios. Me he liberado bastante en ese sentido. Será la edad, la experiencia o el proceso que he vivido.
¿Cómo sonaba su grupo de entonces, Alquimia?
Hacíamos versiones de Siniestro Total, de Nirvana, cancioncillas nuestras. Todo muy guarrillo, pero nos lo pasábamos muy bien.
¿Pidió alguna vez un autógrafo?
A Faemino y Cansado. Vinieron a Málaga y me colé en su camerino a hablar con ellos. Por entonces yo estaba estudiando teatro y me gustaba mucho lo que hacían, por eso se lo pedí. Yo entiendo perfectamente lo de los autógrafos y el fenómeno fan. Especialmente en ciertas edades, lo que quieren es llevarse algo de ti, un recuerdo, un trofeo. No hay más que verles las caritas de ilusión.
Hay personajes públicos que salen corriendo cuando se les pregunta por la política. Usted tiene fama de mojarse.
Creo que es mi obligación como ciudadano estar al día de lo que sucede y tener opinión. Me siento de izquierdas. Así es mi familia y así veo yo el mundo. Y en este momento me llama la atención la crispación que hay en el ambiente. Cuando las cosas van bien y te hacen creer que van mal, me mosqueo. El PP se ha desmarcado del resto de partidos y está jugando su Mundial particular. Cuando las cosas van bien, no se debe crear mal rollo. Hay que ser tolerantes y flexibles, porque así vamos a vivir todos mejor.
¿Cómo ve España, cree que corre peligro?
España vive un momento de intercambio cultural que si sabemos aprovecharlo va a ser muy positivo. Somos un país desarrollado que linda con África, podemos ayudar a que se equilibre todo un poco, y que los que viven mal no vivan tan mal. España está haciendo bien al apostar por la integración.
¿Volveremos a verle en la tele?
De momento no. Me he tirado en ella cuatro años seguidos y hay que dosificar y dejar hueco a otros. Además, se está produciendo mucho, demasiado, y a veces los presupuestos no son los que deberían.
¿Cómo explicaría a una persona que nunca ha subido a un escenario en qué consiste el placer de interpretar?
Es tener la oportunidad decir cosas que no puedo decir por mí mismo, expresarme de una manera como no sé hacerlo fuera de allí. Es el puro travestismo, tener la oportunidad de transformarte y sacar a pasear los bichos que llevas dentro. Te quedas bien cuando terminas, es muy placentero.
¿Igual cantando canciones que interpretando papeles?
Sí, porque en ambos sitios estás interpretando. Hombre, la sensación de estar cantando delante de 20.000 personas, como me ha ocurrido, acojona. Te dices: "¿Cómo me meto a esta gente en el bolsillo?". En el teatro es más fácil crear ese calor. Pero en ambos sitios te sustenta lo mismo: un texto, una letra de una canción. Me gusta expresarme de esas dos formas y tengo la intención de seguir haciéndolo, si la gente quiere." | El Periódico.




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