
"Procedente de Formentera y camino del Cantábrico, adonde va a hacer surf, Quim Gutiérrez (Barcelona, 1981) hace escala en su piso en el barrio barcelonés del Born, comprado con el dinero que ganó actuando desde los 12 años en el culebrón Poblenou y que sus padres le guardaron religiosamente en el banco. En el 2006 ha debutado, y de qué manera, en el cine con AzulOscuroCasiNegro y Sin ti. Actor, actor. Sale en la serie policial de Cuatro Génesis.
Usted fue un actor infantil. ¿Una experiencia positiva o negativa?
Positiva. Mis padres sólo querían que disfrutara. Ante algunos casos siento pena por ellos y alivio por lo que podía haber pasado y no pasó.
¿Qué podía haber pasado?
Que mis padres me tomaran como una fuente de ingresos. Estoy harto de ver a niños de ocho o nueve años llorando porque tienen que currar.
¿Qué hizo cuando abandonó La Rosa, en 1996?
Volver a llevar la vida normal de un chico de 15 años. O al menos intentarlo, porque la imagen no se olvida de un día para otro. Acabé un poco quemado. Considero que tenía la cabeza bien amueblada, pero había cosas que necesitaba digerir.
¿Y qué pensaba hacer con su carrera de actor?
No sabía si estaba en stand by o era un punto final. Tampoco era una preocupación, porque empecé por casualidad y actué hasta que me cansé. Quiero decir que nunca me había planteado hacer una carrera de actor. Fue antes de ir a la universidad cuando sentí de verdad el gusanillo y me apunté a una academia y decidí ir en serio de nuevo en TV3, en El cor de la ciutat.
¿Qué estudió en la universidad?
Qué, iluso de mí, intento seguir estudiando. Humanidades. Acabé el primer ciclo. Es una carrera que me apasiona. No tiene fondo, puedes estudiar Humanidades toda la vida.
¿Por qué la eligió?
Siempre he sido de letras. Mi intención era hacer el primer ciclo de Humanidades y después pasarme a Comunicación Audiovisual o a Periodismo. Adquirir unos conocimientos de historia, literatura, filosofía y después saltar a lo que yo pensaba que sería una forma de aplicarlos. Ese era el plan. Fallido. Haz planes.
Lo que pasó es que hizo teleseries, teatro y, finalmente, cine.
Empiezas en la tele y pones toda la carne en el asador, pero al cabo de un año te das cuenta de que estás limitado por el tiempo y unas convenciones de género. Piensas que el teatro será más creativo. Haces teatro y efectivamente tienes dos meses para ensayar, pero cada día repites lo mismo. Bueno, el cine sí que será el no va más. Y llegas al cine y también tiene sus pegas. Ha sido un proceso de desmitificación. Ahora creo que veo las cosas bastante como son.
¿El cine español necesita un golpe de Estado juvenil?
En el estrato de la interpretación ya hay una presencia juvenil masiva, por la sencilla razón de que los actores jóvenes venden. Lógica comercial. Pero en las esferas que realmente tienen el poder, en la producción, sí que es necesaria cierta renovación. Y en la dirección.
¿Qué nos perdemos por las pocas oportunidades que tienen los directores jóvenes?
Ideas nuevas. Dani Daniel Sánchez Arévalo, el director de AzulOscuroCasiNegro, que es de quien puedo hablar, enfoca el trabajo de los actores de una manera diferente. Tener dos meses de ensayos antes de rodar es algo excepcional. Y no debería serlo. Se lo cuentas a actores mayores y flipan. Llegar al plató con los caminos emocionales claros, las directrices de los personajes consensuadas con todo el equipo y conociendo a todos los actores da una gran seguridad.
¿Se siente de una generación?
No. Por mi trabajo mantengo poco contacto con mis amigos de estudios. Si miro atrás, me veo siempre bastante por libre. Pero sí tengo sensación de generación con otros actores cuando exponemos nuestra visión de la interpretación.
¿Con qué actores?
Con Raúl Arévalo, Miguel Ángel Silvestre, Javier Pereira, Oriol Vila.
¿Qué tienen en común?
Menos a Raúl, les conozco poco, pero creo que todos enfocamos la interpretación de una forma similar. Buscamos verdad. Estamos pendientes de la persona que tenemos delante, damos y recibimos, somos inmediatos. La intención de hacer que pasen cosas de verdad puede ser nuestro denominador común.
¿Me cuenta qué es "hacer que pasen cosas de verdad"?
A veces se está muy pendiente del texto y hay tendencia a apoyarse en poses. No, se trata de hacer un trabajo más introspectivo, crear vínculos con el actor que tienes delante, evitar poses y gestos, las facilidades. Todos sabemos qué cosas se nos dan bien; es cuestión de abandonarlas para investigar caminos.
¿Está diciendo que los actores de generaciones anteriores son unos comodones que repiten las poses y los gestos que se les dan bien?
Me he metido en un jardín...
¿Quién le ha transmitido recientemente lo que busca transmitir?
No soy muy rockero, pero el año pasado en el Festival de Benicàssim Nick Cave me pareció brutal. Su entrega y la sinceridad y la honestidad con que se enfrentó a los espectadores fueron acojonantes. Para mí es un intérprete, no un cantante. Un tío magnético, intenso, de verdad.
¿En qué consiste la honestidad aplicada a la interpretación?
Este es un trabajo de ego. Tienes que aprender a renunciar al ego en beneficio del personaje. Siempre tienes la tentación de lucirte, y ahí puedes pifiarla. No es una honestidad moral ni ética, es saber sacrificar tu ego para contar una historia. Es mi opción de trabajo. El ego es muy traidor. Partiendo de la base de que la interpretación es un engaño, esto es la honestidad.
No a la pirotecnia.
Si te dejas llevar un poco, en el resultado se nota mucho. Tiene que ver con lo que decía antes de hacer que las cosas pasen de verdad. Si tienes a un tío delante y lo has de intimidar, intimídalo de verdad, no hagas que lo intimidas.
Ha dicho que el suyo es un trabajo de ego.
Totalmente. Cuando piensas por qué te dedicas a esto, está claro que hay narcisismo y ego. Tienes que tenerlos para exponerte al público.
¿Necesita el amor del público?
Es raro. Es increíble cómo fluctúa la seguridad en segundos. Estás pensando: Yo este proyecto puedo sacarlo adelante y bla, bla, bla. Y alguien te empieza a elogiar. Y comienzas a hacerte pequeño. Si lo pienso yo, vale; pero si me elogian, me fulminan. No sé asumir el elogio.
¿Ha tenido tiempo de sufrir decepciones profesionales?
Y tanto. Aunque no las diré. Y las considero muy positivas. Cuanto antes las tengas, mejor. Lo primero que tienes que asumir es que por el hecho de estar expuesto públicamente, pueden hablar de ti positiva o negativamente, que no tiene nada que ver con que lo hagan justa o injustamente. Tu trabajo llega al público como parte de una conjunción de elementos sobre los que no tienes ningún poder.
¿Cómo lleva la inactividad?
Fatal. A través de la interpretación saco mis fantasmas; si no puedo sacarlos, se quedan en casa conmigo.
¿Ya se permite el lujo de rechazar papeles?
Antes pensaba: Sólo voy a hacer cosas muy buenas aunque me muera de asco. Pero ahora estoy aprendiendo que este planteamiento es poco realista. Y no sólo porque la economía es importante. Sí, puedo estar un año en casa esperando que llegue un buen proyecto. Pero, cuando llegue, ¿en qué estado psicológico voy a estar?. Intento no perder de vista cuál es mi intención y adónde quiero llegar, pero por otro lado no soy sólo actor, soy alguien que se dedica a hacer de actor, y mi vida personal es importante. Se trata de equilibrar ambas cosas.
Javier Bardem, uno de sus héroes, dijo que una carrera se hace rechazando papeles.
Es que Bardem es una puta máquina de actuar. Y cogió una época muy buena del cine español, infinitamente mejor que la actual.
¿Con qué directores trabajaría por una propina?
Sin duda, con Dani. De cabeza, con Alejandro González Iñárritu, el director de Amores perros y 21 gramos. Me apasiona. Con Zach Braff, el de Algo en común. También con Michael Winterbottom. ¿Cómo se las apaña para hacer tantas y tan diferentes películas?. Y después con mitos como Woody Allen.
Las modelos tienen muchísimo interés. ¿Y su trabajo?
Pienso que no son conscientes de hasta dónde llega su influencia. Por desgracia no son sólo perchas de ropa, sino que venden una forma de vida. Tiene interés pensar por qué nos preocupa tanto la imagen, y aquí me incluyo. A mí me gusta la estética, desde la filosófica hasta el diseño de interiores pasando por los desfiles de moda. Es bueno llevarte bien con tu parte frívola.
¿Qué opinión le merece la forma de vida que venden las modelos?
Muy pobre. Desde que hago películas me invitan a fiestas y desfiles, y está muy bien hacer el paripé, es divertido. Podría vivir en una realidad paralela si quisiera, aunque ahí me siento fuera de lugar. La vida no es eso. Está bien jugar a ser frívolo dentro de unos límites, combinándolo con otros intereses y estímulos y teniendo una conciencia de ti mismo un poco más completa." | El Periódico.




Los comentarios están cerrados