
"La psicóloga de Supernanny deja a los críos un rato para contarnos su experiencia al pasar de su silenciosa consulta pedagógica al ruidoso y rápido mundo de la televisión. La interrumpimos una mañana mientras trabaja en alguno de sus casos. Deja la faena y nos atiende sosegadamente, sin prisas y con mucha entrega, como si fuésemos unos niños.
¿Quiénes están peor educados, los padres o los niños?
Los niños no es que estén mal educados, simplemente son niños. Los padres, por regla general, tienen mucho sentido común; yo sólo les doy pautas.
¿Es usted madre?
No.
¿Y de dónde le viene la inspiración?
Llevo toda la vida trabajando con los niños. No tienen que ser tuyos para entenderlos y tratarlos.
No le ha dicho ningún niño ¿qué hace esta mujer dando órdenes en mi propia casa?
Claro, es algo que piensan todos. Suelo pasar trece días con ellos y esa sensación pasa a los pocos días, cuando ya se acostumbran a las cámaras y a mí.
¿Es usted como una Mary Poppins?
Para nada. Mary Poppins es mágica, yo hago cambios en la conducta. No hay nada de magia.
¿Se han aficionado los pequeños a ver el programa?
Sí, sobre todo los que tienen más de nueve años. Es algo que me parece muy positivo.
¿Cómo decide dejar la consulta y lanzarse al plató?
Nunca dejé la consulta, de hecho sigo trabajando en mi gabinete. Lo del programa llegó por casualidad.
¿Qué es lo que más la sorprendió de la tele?
Lo rápido que va todo. Da un poco de vértigo, y más viniendo de una consulta.
¿Cuál es la clave del éxito de la Supernanny?
Que trabaja con lo que más les importa a los espectadores, sus hijos. Trata problemas que no son ajenos y resultan más que familiares.
¿Y la clave para no tirar a los niños por la ventana?
La comunicación, hablar con ellos." | 20Minutos.




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