Antena 3 estrenaba anoche Física o Química, una de las
apuestas de ficción para este recién inaugurado 2008. El estreno, a pesar de que contó con el respaldo de la audiencia, fue un tanto
decepcionante, teniendo en cuenta que su primer capítulo estaba colgado en la red unas cuantas horas antes.

Por lo demás, un título que invitaba a apagar la tele tras la depresión postomatera: Cosas que hacer antes de estar muerto era, sin duda alguna, toda una declaración de principios. El rollete juvenil de la generación Ya te vale (con el móvil) está cortado por el mismo patrón que sus precedesoras Compañeros o Querido maestro. Sus tramas se caían, y se intuían, casi a la primera de cambio: profe más buena que el pan que se lía con uno de sus futuros alumnos sin ella saberlo (típica secuencia ya vista en Anatomía de Grey, por ejemplo), una Nuria González Serrana
en su papel de eterna directora de colegio concertado con jóvenes en plena revolución hormonal, un Joaquín Climent - rebotado del Comisario - al que, ciertamente, le queda grande el papel y el chaleco de oveja, una alumna que se incorpora a mitad de la trama tras su correspondiente implante de poderosas glándulas mamarias, un profe de gimnasia que tiene algún que otro problemilla con el idioma (regaderas - duchas), una histérica y el típico enchufado por el propio jefe de estudios... Quizás la única salvable sea la grandísima Ana Milán, una Olimpia con cierto punto de ironía-maldad que, sin duda alguna, buscará ser el contrapunto perfecto a una serie que está repleta de típicos tópicos y
de tópicos típicos.