"Luisito tenía sólo 10 años cuando recibió su primera y única reprimenda. Fue en el Teatro María Guerrero de Madrid, donde llevaba dos años trabajando como actor, y fue por llegar tarde.Ahora, 55 años después, es él quien trata de poner orden entre sus empleados de Camera café en Telecinco. El personaje de Gregorio Antúnez ha devuelto a Luis Varela al lugar que le corresponde como caballero de la interpretación. Cine, teatro, doblaje, zarzuela... La televisión, a veces, hace justicia.
¿Es consciente de que mucha gente desearía adoptarle como jefe? Mucho gruñir pero sus empleados no dan ni palo y ahí siguen.
Absolutamente. Si yo tuviera un jefe, me gustaría que fuese Gregorio Antúnez porque hacen con él lo que quieren y los problemas los termina resolviendo él. Aunque alguna vez, por la calle, me han dicho que a ver si soy más flojo con mis trabajadores, que soy muy borde.
Pero si es usted un santo.
El personaje me gusta por lo humano que es, aunque a mis empleados les llamo de todo: basura, gentuza... Y les grito a todas horas: "¡A la puta calle!". Al público le encanta esa coletilla y me piden que la diga continuamente.
Y con esto de la crisis, ¿a la gente le sigue haciendo gracia la frasecita?
Sobre todo a los niños. Me dicen: "Don Gregorio, ¿usted nos podría decir lo de a la puta calle?". Y yo les hago la gracia, pero les pido que no lo repitan. Se mueren de risa, las criaturas.
Eso será porque todavía no les han explicado lo que es un ERE.
Sí, la cosa está muy complicada. Pero creo que al público le hace la misma gracia, por no decirte más. Cuando las cosas van mal, la gente necesita distraerse. Me duele tanta crisis y fíjate que ya no tengo nada que perder, pero es que, desde que te levantas, sólo oyes hablar de penas. Y a mí me da mucha pena la pena. Por eso creo que nosotros, en la medida en que podemos, colaboramos a que la gente no lo pase tan mal o, al menos, estén media horita riéndose.
Está usted en un momento muy malo para ser jefe. Si tuviera que reducir plantilla, ¿a quién se cargaría?
Es que en el fondo los adoro. Prefiero hacerme el haraquiri antes que echar a nadie. Es más, en un capítulo lo hago para que la empresa no se venga abajo y ellos sigan teniendo su sueldo.
Y a Luis Varela, ¿le han puesto alguna vez en la calle?
He terminado contratos, pero no me han echado. Y eso que empecé a los 10 años y llevo 55 de profesión...
Pero algún gruñido, como los que echa Antúnez, sí habrá recibido.
Recuerdo que, siendo muy niño, trabajaba en el Teatro María Guerrero y un día llegué tarde. Entonces, el director don Claudio de la Torre me llamó a su despacho y me dijo: "Luisito, que nunca más vuelva a pasar, que en esta profesión hay que ser muy puntual". Hasta ahora, es la única vez que me han regañado.
Aprendió de los mejores. ¿Qué consejos le daban sus maestros?
He trabajado con todos: desde Antonio Vico, pasando por Rafael Rivelles, José Bódalo... Los grandes. Me enseñaron a hablar y que se me entendiese, a proyectar en un teatro y que se me oyese. Mi maestro Bódalo me dijo: "Luisito, no te tengo que oír yo, sino el que está en la última fila del tercer piso, pero tiene que dar la impresión de que me lo estás diciendo a mí para que parezca natural". Sobre todo me enseñaron puntualidad y seriedad.
Y cualquiera no cumplía.
En la misma época en la que trabajaba con don Claudio de la Torre había por allí un galancito que se llamaba José María Rodero. El ensayo empezaba a las tres pero, un día, aquel galancito llegó tarde y el director le dijo: "Señor Rodero, llega usted cinco minutos tarde". Y Rodero pidió perdón, pero comentó que su reloj marcaba las tres en punto. Entonces el director contestó: "Pues tiene usted razón, mi reloj no sirve". Lo tiró al suelo y lo pisó.
Bromitas las justas...
Así era el teatro entonces. Nos inculcaron mucho respeto por la profesión. Sobre todo aprendimos que ser actor no consiste, como se piensa ahora, en salir en la tele, firmar autógrafos y que te conozcan por la calle. Esta profesión es como una maratón. Tienes que llegar a la meta saltando vallas. Y, sobre todo, tiene que hacerse con mucho amor y mucha seriedad. No es lo que la gente piensa, que nos divertimos mucho. A mí siempre me dicen que en Camera café nos lo pasamos fenomenal, pero éste es un trabajo duro y me gustaría que se vinieran un día conmigo y, si son capaces de hacer la cuarta parte de lo que hacemos cualquiera de nosotros, me quito el sombrero.
Por lo menos tendrán ustedes un buen clima laboral interno.
Sí, pero no tenemos tiempo ni de hablarnos de nuestras cosas. Estudiamos, ensayamos, grabamos, volvemos a estudiar... y así 12 horas diarias. Hombre, lo bonito de esto es que la gente lo pase bien y piense que es divertido.
Algo que consigue muy bien un director como Luis Guridi.
El otro día, me decía: "Luisito, lo bonito es que la gente piense que esto es muy fácil". Y no saben la dificultad que encierra. Pero está bien que la serie tenga ese ritmo y esa naturalidad porque, incluso, parece que lo que decimos se nos ocurre sobre la marcha. Y es mentira. Yo me meto tres y cuatro horas de estudio.
Y tanto esfuerzo se ha visto recompensado con el premio al mejor actor de televisión 2007. ¿Qué dijeron sus hijos?
Están muy orgullosos de su papá y me dicen que soy un crack, una máquina. Pero creo que es pasión de hijos. Me piropean y me apoyan siempre. Pero ellos también son dos fenómenos. Christian es uno de los DJ más reconocidos y Luis es su manager.
Tenga en cuenta que, además, usted ha sido la voz de uno de los héroes de la generación de sus hijos: Fénix, de El Equipo A.
Qué buenos recuerdos. En aquella época yo era director de doblaje. Estuve al frente de muchas series y adaptaba los diálogos. La más famosa fue Un hombre en casa, en la que yo ponía la voz a Robin Tripp, el protagonista. Pero también dirigí Los Ropper, La casa de la pradera o Vacaciones en el mar, en la que le ponía voz al doctor.
Doblaje, cine, teatro, zarzuela... Difícil acordarse de todo, ¿no?
Han sido muchos textos. Recuerdo que el director don Cayetano Luca de Tena me llamó para que hiciera una obra que iba a dirigir en el Teatro Español y le pregunté que si era bonita. Se quedó mirándome y me dijo: "¿Me estás tomando el pelo? Pero, hijo, si la has hecho conmigo en televisión". Ni me acordaba.
Usted pertenece a una hornada de artistas que se atreve con todo: canta, baila, cuenta chistes... ¿Antes había más talento o más necesidad?
A los nuevos actores les ha venido todo tan de golpe que no les ha dado tiempo a asimilarlo. Nosotros empezábamos jovencitos y teníamos que saber hacer de todo. Yo creo que había más preparación, más entrega y más sacrificio. Absorbías todo lo que podías e ibas aprendiendo de los demás. Ahora vienen las cosas tan deprisa y tan fácil para algunos que piensan que lo saben todo. Y, salvo honrosísimas excepciones, no es así. Pero si yo, a mis 65 años, todavía sigo aprendiendo... Ha habido compañeros jóvenes a los que he intentado dar algún consejo y me han dado las gracias, pero otros me han dicho: "Oye, carrocita, que nosotros actuamos de otra forma y vosotros ya os habéis quedado atrás". Esos actorcitos que creen saberlo todo no van a llegar muy lejos, eso seguro.
¿Y eso hace que conciban la popularidad de otra manera?
Nuestra generación se fue haciendo concocida poquito a poquito, escalón a escalón y la popularidad se convirtió en una extensión de nuestro cuerpo, en una parte más. Eso no significa que nos guste siempre, depende del momento, pero lo vemos con más naturalidad. Si desde pequeñito yo ya recibía cartas... Acabas acostumbrándote. Ahora es de un día para otro, es decir, que no están hechos para eso. Se meten en una serie y al día siguiente todo el mundo les conoce. Aunque también es verdad que esta profesión tan bonita, en estos momentos puede ser muy agobiante. Yo tengo compañeros jóvenes que lo llevan muy mal.
Usted se atrevió incluso a hacer de zombi en Crimen ferpecto, la película de Álex de la Iglesia. ¿Qué tal la experiencia?
Álex es un fenómeno, uno de los directores con más talento que ha dado este país. He aprendido muchas cosas de él.
¿Y no le ha ofrecido un papel en su serie Plutón BRB Nero?
No y desde aquí le digo: ¡Álex, no te lo perdono! Me encantaría volver a trabajar con él.
Me han contado que montaron una buena en la boda de Ana Ruiz, Sofía en Camera café...
¡Madre mía, es verdad! Fue en Sevilla. Tuvimos la comida en un hotel, y luego baile y copillas. Yo estaba loco por quitarme el traje y la corbata, y le dije a Arturito Valls (Jesús Quesada) que si nos íbamos a cambiar. Entonces caímos en que Alex O'Dogherty (Arturo Cañas), que antes vivía en Sevilla, se había llevado una motillo. Total, que le dijimos que nos acercara al hotel, que estaba a la vuelta de la esquina (ya teníamos la corbata por la frente). Así que nos subimos los tres enganchaditos en la moto y al minuto y medio nos paró un policía.
¿Y les pidió un autógrafo?
Nos dijo que sabía perfectamente quiénes éramos y dónde trabajábamos, pero que eso no quitaba para que fuéramos tres en una moto. Al final no nos multó, pero nos hizo dejarla atada. Nos cambiamos de ropa, volvimos a la boda y seguimos bailando. Álex, Arturo y yo llevábamos así desde la noche anterior." | Laguiatv.




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