"El próximo 4 de noviembre serán ocho las décadas que cumpla y, aunque peine canas y sea abuelo -y hasta bisabuelo- de varios nietos, Emilio Aragón, ‘Miliki', sigue en activo y con deseos de mantener vivo el espíritu de esa infancia a la que se ha dedicado por completo. Precisamente a ellos, a los "niños" que más allá de los cuarenta son hoy padres, dedica un nuevo CD, acompañado de un DVD, donde, por un lado, repasa parte de su trayectoria, y, por otro, se acerca a los pequeños de nuestros días. Es el legado de un artista que, en esta entrevista, desvela sus inquietudes más humanas.
Miliki, está usted a punto de convertirse en una persona octogenaria...
No me molesta la edad. Al contrario, es una maravilla poder alargar la vida.
Seguro que cuando sale al escenario -como les pasa al resto de artistas- no se acuerda de todo eso de los años...
Es así. El escenario, la pista o la cámara ejercen sobre los profesionales una atracción impactante. Nos hacen olvidar el resto de situaciones.
¿Qué lugar ha ocupado su carrera en su escala de valores?
Lo ha sido todo. He nacido en un seno de generaciones vinculadas al mundo del circo. Mi tatarabuelo, mi abuelo... Siempre les he escuchado hablar sobre cómo se hacía reír al público, fuera de donde fuera: ingleses, suecos...
¿No menciona entre sus prioridades el clan propio que ha creado junto a su mujer?
Por supuesto. Mi obligación principal fue hacer una familia y, gracias a Dios, he tenido un éxito total. La adoro. Mi esposa ha sido mi compañera, mi amiga, mi hermana. Juntos hemos construido algo de lo que nos sentimos muy orgullosos. Luego están mis hijos, mis nietos y hasta un bisnieto de poquitos meses de Rita.
Con tanta experiencia no me extraña que diera con la clave para que su obra fuera imperecedera, ¿no? ¿Cuál ha sido este secreto?
No lo hay. Los profesores de las guarderías y las madres y padres siguen cantando mis temas y, los niños, que son receptivos, se quedan con ellos. Incluso hice unas tablas de multiplicar y me pareció extraordinario comprobar cómo los chicos aprendían matemáticas con ellas. Después se me acercan y me comentan: "Mi mamá dice que tú eres Miliki".
¿Qué sensaciones le da comprobar la trascendencia de su producción?
Me da una gran satisfacción. Una vez en un restaurante en Puerto Rico, al que fuimos a probar un plato especial, les escuché a los de la mesa de al lado el "Feliz, feliz en tu día...". Imagínate lo que supuso aquello para mí. Resulta sorprendente.
Eso sí que es un triunfo, ¿verdad?
Supongo que sí. Aún me queda mucho por hacer pero creo que mi carrera es satisfactoria. Si volviera a nacer, haría lo mismo.
Hablando de nacimientos, el suyo le vincula a Andalucía, a nuestra tierra...
Así es. A Carmona (Sevilla), más concretamente. Tengo muchos recuerdos de Andalucía, a la que pertenecen personas muy significativas para mí. Mis tíos, mi padre, mis primos sevillanos..., de Granada era mi abuelo... La identificación es total.
¿Se puede seguir siendo niño por siempre?
Sí. A los 40, a los 50 y hasta a los 80. El niño que llevamos dentro nunca lo debemos dejar. Al contrario. Hay que protegerlo, mimarlo y sacarlo a flote de vez en cuando. La niñez es una de las etapas más importantes.
¿Con qué se emociona una persona como usted?
Con las cosas simples, con lo sencillo: un beso de una "niña de 40", que alguien se cruce conmigo en la acera y me dé las gracias... A mi edad, a uno le sensibiliza más todo." | Diario de Cádiz.




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