"El 29 de enero de 1981, en la tarde en la que Adolfo Suárez anunciaba su dimisión al frente de la presidencia del Gobierno ante las cámaras de TVE, recuerda que su abuelo, que regentaba un hotel en Puerto Lumbreras (Murcia), sacó la escopeta de caza para limpiarla. No se iba de cacería, sino que preparaba el arma "por si acaso". Ginés García Millán venía entonces del instituto y aquella escena le impresionó. Casi tres decenios después Ginés se ha puesto en la piel de aquel arquitecto de la democracia que tiró la toalla cuando se vio acorralado por sus contrincantes y olvidado por los suyos.
Antena 3 estrena este miércoles la miniserie Adolfo Suárez, el presidente, producida por Europroducciones, que viene a aclarar aspectos e intrahistorias a los coetáneos de aquellos acontecimientos y a narrar a las nuevas generaciones cómo se culminó el proceso democrático a través de las vivencias de quien tuvo que asumir la tarea encomendada por el Rey. El biopic arranca en el momento en que Suárez es aislado por los golpistas del 23-F en una estancia del Congreso. El presidente rememora su vida a partir de ese suceso.
¿Qué sensaciones tuvo cuando se vio interpretando este verano unos acontecimientos que usted había seguido por televisión?
Cuando recibes el encargo de interpretar a Suárez primero sientes que es un regalo. Es un encargo muy agradecido encarnar a una persona que ahora es tan querida y admirada. Pero también es una responsabilidad, un reto, que había que hacer de la manera más digna posible. La serie es un trabajo muy respetuoso con su figura, su persona, desde su juventud hasta el golpe de Estado.
¿Ha cambiado su propia percepción sobre Adolfo Suárez?
Suárez es un personaje inmenso, inabarcable. Me he dado cuenta de que era una persona que creía firmemente en lo que estaba haciendo. Es un hombre valiente y cuando se ven los documentales se reflexiona sobre el milagro de llevar adelante todo lo que hizo.
Sus coetáneos en la clase política fueron muy ingratos. Parece que tuvo que sufrir grandes dramas personales para que se le reconociera en su dimensión justa.
Han tenido que pasar muchos años para que se le reconozcan sus méritos. Es una figura que se ha revalorizado con el tiempo. En su momento fue un hombre que llegó a sentirse muy solo. En la soledad del poder no pudo contar con amigos, y sólo encontró incomprensión a su alrededor.
Con el director de la serie, el colombiano Sergio Cabrera ¿ha trabajado mucho para parecerse lo más posible al personaje?
A mí hubo una cosa que me gustó de Sergio Cabrera, que me recomendó que en ningún momento cayera en la imitación. Hemos intentado trabajar la esencia del personaje, crear el alma, y acercarnos a un personaje de carne y hueso. No hemos querido que yo sea un calco. Tras pasar los cinco primeros minutos deseamos que el espectador se fije en la historia, no en si me parezco o no, o si hago todos los gestos de Suárez.
¿Qué recuerdos tiene de aquellos años, qué le ha servido de aquella evocación?
Yo tengo unos recuerdos muy claro de la época. Uno cree saber mucho de entonces y cuando me puse a preparar la serie, a estudiar más detenidamente, he descubierto mucho más y me he dado cuenta de que la situación en la España de la transición era muy difícil. Me gustaría destacar que Suárez afrontó los cambios con diplomacia, con entereza, y con mucha valentía. Con absoluta convicción. Pero le pasó factura que tuviera que pesar sobre sus hombros directamente tantas responsabilidades.
Está de gira con la obra teatral Glengarry Glen Ross y hace unos meses concluyó su trabajo en Herederos. Es indispensable compaginar teatro y televisión...
Sí, es inevitable. Le debo mucho a la televisión con Periodistas, Motivos personales y por supuesto que fue un lujo trabajar con Concha Velasco en Herederos. El teatro, de todas formas, te aporta una satisfacción personal muy grande." | Diario de Cádiz.

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